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Carretera GC-2 BañaderosComo alguien que ha nacido y crecido en el Norte de Gran Canaria, sé perfectamente lo que significa la GC-2. Para nosotros no es solo una carretera; es el cordón umbilical que nos une con la capital, pero también ha sido, durante décadas, una barrera infranqueable y un foco de inseguridad que ha marcado la vida de miles de familias en Bañaderos, El Puertillo y San Andrés.

El peligro real: Más que una estadística

Quienes transitamos por aquí no necesitamos ver los informes de siniestralidad para saber que este tramo es uno de los más críticos de la isla. Hablamos de una vía que soporta una intensidad altísima de vehículos diarios, donde se mezclan el tráfico pesado, los desplazamientos laborales y el acceso a zonas de ocio.

El peligro no es solo para el conductor, también para los vecinos y vecinas que, con miedo tienen que cruzar o incorporarse a una vía rápida altamente transitada. Durante años, la falta de seguridad vial en estos puntos negros ha sido una demanda histórica, una lucha de colectivos vecinales que sentían que el progreso de la isla se olvidaba de su seguridad básica.

Una obra que devuelve la costa a su gente

El proyecto de soterramiento no es un capricho estético, es una cuestión de justicia territorial. La inversión, que ronda los 31 millones de euros (cofinanciada por el Convenio de Carreteras), tiene un objetivo claro: enterrar el ruido y el peligro para que la superficie vuelva a ser nuestra.

¿Qué ganamos como ciudadanos del Norte?

  • Adiós a la barrera: El soterramiento de casi 500 metros permitirá que los barrios de Bañaderos y El Puertillo dejen de estar partidos en dos. Por primera vez en décadas, podremos caminar hacia la costa sin el muro de coches de por medio.
  • Calidad de vida: La creación de una gran plataforma superior con zonas verdes, espacios peatonales y carriles bici transformará un entorno hostil en un pulmón de convivencia. Es pasar del asfalto al paseo.
  • Fluidez y Seguridad: Al separar el tráfico de paso (que irá bajo tierra) del tráfico local, eliminamos los trenzados peligrosos y las retenciones que tanto nos desesperan por la mañana.

La voz de la constancia

Esta obra es el triunfo de la insistencia de la población vecinal. Llevamos años reclamando que el Norte no puede ser ciudadano de segunda en infraestructuras. Ver que las máquinas por fin están ahí, que el proyecto se ajusta a la realidad del terreno y que respeta nuestro litoral, es una victoria de todos.

No se trata solo de asfalto y hormigón; se trata de que nuestros hijos e hijas puedan llegar a la costa con seguridad y de que el Norte de Gran Canaria tenga la entrada digna que se merece. Por fin, la GC-2 dejará de ser una brecha para convertirse en un punto de encuentro.