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Por Juan Jesús Facundo

Gran Canaria se prepara para abrir sus brazos a un acontecimiento que marcará un antes y un después en nuestra historia reciente. La confirmación de la visita del Papa León XIV para este próximo mes de junio no es solo una noticia de calado religioso; es un reconocimiento a la identidad de un pueblo, el canario, que siempre ha sido puente entre continentes y faro de solidaridad.

Desde mi querida Gran Canaria, vivo este anuncio con una mezcla de orgullo institucional y profunda emoción personal. Que Su Santidad haya puesto su mirada en nuestras islas para visibilizar realidades tan humanas como el drama migratorio, dice mucho de su sensibilidad. Entiendo la política como la herramienta para proteger la dignidad humana, y en ese camino, el mensaje de justicia social que trae León XIV resuena con fuerza en nuestros valores de progreso e igualdad.

Más que una visita: Un desafío logístico y humano

Organizar un evento de esta magnitud requiere un rigor absoluto. Estamos trabajando codo con codo con todas las instituciones para que la logística esté a la altura de lo que Gran Canaria merece. Desde el punto de vista técnico, es como una gran etapa reina de ciclismo: exige esfuerzo constante, coordinación y no perder nunca de vista la meta. Queremos que el mundo vea una isla organizada, segura y, sobre todo, acogedora.

Pero más allá de los números y los protocolos, me quedo con el factor humano. La visita a Arguineguín para abrazar la realidad de quienes llegan a nuestras costas buscando un futuro es un gesto de una humanidad inmensa. Gran Canaria no es solo sol y playa; es una tierra con alma, que sufre con los que sufren y que celebra con alegría los momentos de unión.

Un mensaje para el futuro

Cuando el «papamóvil» recorra nuestras arterias y las campanas de nuestras iglesias, incluida la nuestra en Arucas, repiquen con fuerza, quiero que cada grancanario sienta que somos protagonistas de nuestra propia historia. Esta visita es una oportunidad para reivindicar nuestro papel en el Atlántico como un espacio de paz y acogida.

Personalmente, me quedo con esa sensación de esperanza. Al igual que cuando corono una cima con la bicicleta y me detengo a mirar el paisaje de nuestra cumbre, hoy miro el horizonte de Gran Canaria con optimismo. León XIV nos pide «alzar la mirada», y eso es precisamente lo que estamos haciendo: mirar alto, trabajar duro por nuestra tierra y sentirnos, hoy más que nunca, orgullosos de ser canarios.

¡Nos vemos en las calles, compartiendo este momento histórico!